El drama de los desahucios y sus consecuencias psicológicas

La crisis económica ha tenido consecuencias devastadoras para muchas personas que se han visto afectadas por cierre de empresas, por pérdida de empleo o por endeudamiento. Este empobrecimiento de los hogares ha derivado desde 2008 en no poder hacer frente a gastos básicos como el pago de la hipoteca o del alquiler, con el consecuente proceso de desahucio. En 2012, uno de los peores años de la crisis, según el banco de España se produjeron 23.734 desahucios. Desde “Defendo Abogados” hemos defendido a centenares de familias y saben “que es un proceso muy doloroso”. Hoy publicamos un artículo de Marian Gil Psicóloga en Zaragoza (Máster en Psicología Clínica y Especialista en problemas de ansiedad y depresión) que ha querido compartir con nosotros en relación a las consecuencias psicológicas que está ocasionando el drama de los desahucios.

Estas circunstancias suponen importantes consecuencias a nivel personal, emocional  y social, ya que afectan a la calidad de vida percibida por la persona, a su salud física y a su salud mental. La incidencia de trastornos psicológicos como ansiedad, depresión o conductas adictivas  se incrementan ante las dificultades para hacer frente al pago de la hipoteca y estar en un proceso de desahucio. Si además, esto último viene acompañado de otras problemáticas como pérdida de trabajo, ruptura sentimental, enfermedades, dependencia o pérdida de algún miembro de la familia, se agrava más la situación y empeora significativamente el estado psicológico de los afectados.

El desahucio

El desahucio es más que la pérdida de un inmueble. La vivienda constituye algo muy íntimo de uno mismo.  Además del espacio físico donde tiene lugar la vida privada de las personas, es un espacio de protección, seguridad y acomodo. Es una prolongación de uno mismo, es parte de nuestra vida, un espacio de vivencias y convivencias. Involucra también un entorno social, un barrio en el que se desarrollan muchas de las relaciones sociales de las personas. La vivienda constituye pues una necesidad básica fundamental para garantizar la dignidad humana y está muy relacionado con la posibilidad de desarrollar un proyecto personal y familiar. Forma parte de la identidad y de la autoestima de la persona, por eso perderla supone la pérdida de una parte de nuestro ser e incrementa el riesgo a la vulnerabilidad social y/o exclusión social.

Según señalan los expertos, el drama al que se ven sometidos los afectados por procesos de desahucio es consecuencia del entorno hostil y de la indefensión en la que se encuentran. Las consecuencias psicológicas son similares a las producidas ante algunas situaciones de catástrofes, con el agravante de que no siempre se reconoce al afectado como víctima. En las etapas finales, los síntomas y emociones pueden desembocar en cuadros de estrés postraumático, con síntomas como la reexperimentación de la amenaza en sueños y pensamientos, el consecuente incremento de la ansiedad, y también la evitación de situaciones relacionadas con el desahucio.

Distintas emociones según el momento

Los problemas psicológicos se van gestando poco a poco y los afectados por los desahucios van experimentando diferentes emociones según pasan por las distintas fases del proceso. Al principio se produce una negación para posteriormente pasar a un estado de shock. Ante la falta de soluciones se pasa a la desesperación y a la depresión. Y por último, al igual que sucede en los procesos de duelo, poco a poco se va aceptandolo sucedido, único camino posible para recuperar la tranquilidad y poder iniciar nuevos proyectos vitales.

En un primer momento, cuando empiezan los primeros problemas con el banco además de sorpresa, rabia, preocupación o irritabilidad puede aparecer una fase de negación. Ante la pérdida de una necesidad básica como es la vivienda, la mente intenta protegerse. Las personas actúan como si no pasase nada, se intenta mantener la apariencia actuando de forma habitual y se niega la realidad. Por un sentimiento de vergüenza, ni piden ni aceptan ayuda, se espera que llegue una solución de algún sitio, sin saber muy bien de dónde. Si esta fase de negación y esperanza por una solución mágica dura mucho, se empeora el problema, ya que no se busca ayuda profesional y se eligen soluciones fáciles (como por ejemplo el uso de créditos fáciles pero muy caros) con graves consecuencias.

Cuando ya se es consciente de la problemática,  viene la lucha por mantener la vivienda, lo cual implica aguantar altos niveles de estrés de forma continua. Supone verse en una situación de mucho miedo y que genera mucha inseguridad, porque se trata de un escenario desconocido para el que no se tienen recursos suficientes, que no se controla y que supone la pérdida de control sobre la propia vida. La presión  de los bancos, las cartas del juzgado, la dificultad por conseguir un trabajo provoca emociones como la rabia, el lloro y el miedo. Acaba suponiendo tal nivel de estrés, que se llega a la desesperacióny al colapso emocional, donde el afectado se bloquea, le cuesta razonar, no puede tomar decisiones o las toma de forma incorrecta. Este estrés sostenido además de afectar psicológicamente, lleva al aislamiento social (ocasionado por la vergüenza) y también a la alteración de la salud, pues el cuerpo no está preparado para sufrir tanto estrés durante tanto tiempo de forma continuada.

En la carrera contra el desahucio se van adquiriendo nuevas deudas, los padres avalistas pueden verse implicados en el problema, aumentan los conflictos familiares, aparecen las rupturas sentimentales, sobrevienen enfermedades y las ayudas no llegan. Las dificultades se van acumulando y las personas se sienten cada vez más superadas y con menos confianza. A pesar de los inmensos sacrificios, todo resulta insuficiente.

Ante el estrés sostenido y la frustración por la inutilidad de las acciones emprendidas, se pierde la ilusión y las ganas de seguir luchando. Deriva en un estado depresivo, con tristeza, abatimiento, desánimo, llanto, sentimientos de impotencia, de injusticia, de pérdida de esperanza y alejamiento social. Se adquiere una visión catastrófica del mundo y de uno mismo,  uno se ve estigmatizado por no poder afrontar  las deudas,  y en ocasiones aparecen pensamientos de suicidio como deseo de poner fin a un sufrimiento para el que no se ve salida. En consecuencia existe la posibilidad del acto suicida y también la ideación autolítica como factor principal en la vida de las personas.

Cuando llega el momento en el que se produce el temido desahucio pueden aparecer  sentimientos como la culpa, vergüenza, despecho, odio, irritabilidad, melancolía y profunda sensación de derrota. También en algún momento puede aparecer alguna sensación de alivio, por el fin de una batalla por la que se ha sufrido mucho, pero sobre todo la sensaciones dominantes son de rabia, injusticia y frustración.

Una vez se ha perdido la vivienda, se entra en otra fase llena de dificultades emocionales, sociales y económicas sin apenas recursos para hacerles frente. La persona se siente abatida, frustrada, en indefensión y con pérdida de esperanza. Además, las familias quedan excluidas de su entorno social, lo que deriva en sentimientos de aislamiento, soledad y resentimiento social. Ante el sufrimiento por el que se ha pasado y la sensación de derrota, se produce un derrumbe de ideas sobre cómo veían el mundo, con una fuerte sensación de injusticia y de falta de control.

Consecuencias

Hemos visto que la pérdida de la vivienda habitual provoca alteraciones en la salud física y psicológica, las cuales están relacionadas con la duración del proceso y se agravan en las fases más avanzadas, pudiendo llegar a cronificarse. A nivel psicológico la ansiedad, el estrés, la depresión, los problemas del sueño, o manifestaciones de tensión emocional como lumbalgias o dolores de cabeza,  son los problemas más frecuentes. También se ha observado un aumento de las conductas adictivas, pues en ocasiones, los afectados se refugian en el alcohol, las drogas o en el juego ante la problemática que les envuelve.

También existe evidencia de que los desahucios afectan a la salud física de los afectados, pudiendo darse un aumento de la hipertensión y de los problemas cardíacos, problemas gástricos, problemas en la piel, descenso de defensas inmunológicas o alergias. En general, se percibe peor  estado de salud.

Muy relacionado con la aparición de problemas de salud está el cambio de hábitos. Debido a las dificultades económicas y emocionales, se incrementan los estilos de vida no saludables. Se cambia la dieta,  se deja de realizar ejercicio físico, se disminuyen las horas de sueño  y aumenta el consumo de tabaco o alcohol.

A nivel familiar, los problemas también se incrementan. Los padres avalistas en ocasiones se ven involucrados en el proceso y arrastrados en el endeudamiento. En otras ocasiones, se tiene que volver al hogar de los padres, lo cual no siempre es fácil por la carga emocional con la que se llega y por la situación de dependencia que supone. Y lo más frecuente a nivel de pareja, discusiones continuas que pueden llegar a rupturas y divorcios.

Los menores también sufren el impacto de la pérdida de la vivienda, y pueden sufrir consecuencias como fracaso escolar, aislamiento por la ruptura de vínculos con los compañeros, actitudes de retraimiento, reacciones agresivas, o depresión. Para tratar de evitar estas consecuencias, las familias deben hablar con sus hijos, explicarles lo que sucede, intentar reconocer y comprender los sentimientos de los pequeños y ayudarles a expresar y canalizar el sufrimiento.

Y por último, a nivel social, como hemos comentado, se produce un aislamiento. Éste es consecuencia tanto de la alteración emocional, como de la preocupación por la imagen que el entorno pueda tener y por el posible estigma social.

Recomendaciones

Es imprescindible humanizar el entorno hostil que envuelve los procesos de desahucio para poder hacerlo más llevadero. Para ello es necesario contar con apoyo. Es importante dejarse ayudar, no aislarse y seguir relacionándose con familiares y amigos que puedan acompañar y proporcionar ayuda afectiva.

El contactar con afectados que están o han pasado por una situación parecida constituye un soporte muy útil. Por un lado, podrán comprender mejor las emociones, pero además, sirve para no sentirse aislados, ni fracasados, y ayuda a afrontar el problema como un reto. El formar parte de un de estos grupos permite al afectado recibir apoyo y ayuda, pero también algo muy importante para su autoestima, el sentir que también ellos están ayudando a alguien, que están integrados en un grupo y que luchan conjuntamente.

La actitud y la manera de afrontar el problema determinarán en gran medida la afectación física y psicológica. Es importante ver la situación como un desafío y encarar el problema con actitudes activas, dejando a un lado posturas derrotistas.

También es importante trabajar por disminuir la culpa y la vergüenza, y  no dejar que las circunstancias  y la falta de recursos económicos arrebaten la identidad, la autoestima, el valor de uno mismo o la dignidad interior. Ante adversidades que amenazan nuestra integridad existen factores que nos permiten adaptarnos mejor a los problemas, aspectos como mantener una autoestima consistente, buscar soluciones, tener capacidad para relacionarse, tener iniciativa, o confiar en uno mismo.

Pero pese a tocar fondo, las personas resurgen, son capaces de restablecerse e incluso en ocasiones salen fortalecidas, ya que se han desarrollado una serie de estrategias personales para hacer frente a la adversidad, que antes no se tenían. Y para ello es muy importante dejarse asesorar por profesionales en el ámbito psicológico y también para intentar salvar la vivienda si estás en un proceso de desahucio. Desde “Defendo abogados” podemos ayudarte en la defensa de tu vivienda, solicita que te llamemos sin ningún coste ni compromiso.


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